ELEGGUA Dueño absoluto de los caminos y el destino, Es el portero de la sabana y el monte. Es considerado el mensajero fundamental de Olofin.
El es el primero de los guerreros junto a oggun, Ochosi y Osun .
En la naturaleza está simbolizado por las rocas.
Es la vista que sigue un camino, se convierte en un guerrero temible y feroz
cuando se une a Oggún y Oshosi, sus hermanos, nada lo detiene.
Es la protección primera, ya que es el quien abre los caminos para continuar en la religión.
Es quien cierra o abre el astral para la felicidad o tristeza de los seres humanos.
Siempre se debe contar con él para realizar cualquier cosa.
Los no iniciados o aleyos deben recibirlo o consagrarlo como primero.
Es un Osha del grupo de Orisha Oddé, a los que se le llama Los Guerreros .
Vive en la mayoría de los casos detrás de la puerta, cuidando el ilé de quien lo posee.
Eleguá se asienta en una otá (piedra), otá conchífera, de arrecife, otá con carga,
caracol cobo con carga, un coco seco o de masa con carga.
Se coloca en una vasija plana, sus atributos son los cascabeles, un garabato (bastón) de guayaba,
una trampa de ratón, monedas, juguetes de niño como las bolitas, pitos, matracas, sombrero
de guano o paja, una maraca pintada con sus colores.
Sus elekes (collares) son de cuentas rojas y negras alternadas.
Herramientas de Eleggua:
Eleguá se asienta en una otá (piedra), otá conchífera, de arrecife, otá con carga, caracol cobo con carga, un coco seco o de masa con carga.
Se coloca en una vasija plana, sus atributos son los cascabeles, un garabato (bastón) de guayaba, una trampa de ratón, monedas, juguetes de niño como las bolitas, pitos, matracas, sombrero de guano o paja, una maraca pintada con sus colores.
Sus elekes (collares) son de cuentas rojas y negras alternadas.
Ofrendas a Elegua:
A Eleguá se le inmolan chivos, gallos o pollos, pollitos, jutías, ratones negros o rojos.
Su tabú son las palomas, pues lo debilitan, excepto a algunos caminos particulares
donde si las admiten. Sus ewes son abre caminos, sabe lección, croto, algarrobo,
alcanfor, almacigo, berro, albahaca, ají chileno, ají guao guao, álamo, atiponlá,
almendra, pata de gallina, Ceiba, curujey, chichicate, bejuco guaro, jobo, peonía,
peregún, maravilla, pica pica, raspa lengua, siempreviva, rompesaragüey, verdolaga, travesura, zarza blanca.
Eleguá se asienta en una otá (piedra), otá conchífera, de arrecife,
otá con carga, caracol cobo con carga, un coco seco o de masa con carga.
Se coloca en una vasija plana, sus atributos son los cascabeles,
un garabato (bastón) de guayaba, una trampa de ratón, monedas,
juguetes de niño como las bolitas, pitos, matracas, sombrero de guano o paja,
una maraca pintada con sus colores.
Sus elekes (collares) son de cuentas rojas y negras alternadas.
Patakies de Elegua.
Obí(el coco) era puro, humilde y simple, por eso Olofin hizo blanca su piel, su corazón y sus entrañas y lo colocó en lo alto de una palma. Eleguá, el mensajero de los dioses, se encontraba al servicio de Obí y pronto se dio cuenta de que este había cambiado. Un día Obí decidió celebrar una gran fiesta y mandó a invitar a todos sus amigos. Eleguá los conocía muy bien, sabía que muchos de ellos eran las personas más importantes del mundo, pero los pobres, los enfermos y los deformados, eran también sus amigos y decidió darle una lección invitando a la fiesta no solamente a los ricos. La noche de la fiesta llegó y Obí, orgulloso y altivo, se vistió para recibir a sus invitados. Sorprendido y disgustado vio llegar a su fiesta a todos los pobres y enfermos. Indignado les preguntó:
–¿Quién los invitó?
–Eleguá nos invitó en tu nombre –le contestaron.
Obí los insultó por haberse atrevido a venir a su casa vestidos con harapos.
–Salgan de aquí inmediatamente –les gritó.
Todos salieron muertos de vergüenza y Eleguá se fue con ellos.
Un día, Olofin mandó a Eleguá con un recado para Obí.
–Me niego a servir a Obí –dijo Eleguá–. Ha cambiado mucho, ya no es amigo de todos los hombres. Está lleno de arrogancia y no quiere saber nada de los que sufren en la Tierra.
Olofin, para comprobar si esto era cierto, se vistió de mendigo y fue a casa de Obí.
–Necesito comida y refugio –le pidió fingiendo la voz.
–¿Cómo te atreves a aparecerte en mi presencia tan harapiento? –le increpó el dueño.
Olofin sin disimular la voz exclamó:
–Obí, Obí.